qué día es
De repente estás despierta. Lo que estabas soñando se esfuma, ese mundo desaparece. Hace nada parecía tan real y ahora ya no está. Es un despertar de esos en los que no sabes bien qué día es, si toca trabajar o no. Tu cerebro no se ubica y no sabe si activar el modo espabilar o el modo relajarse. Intuyes que estás contenta. Recuerdas haber leído que acabamos de superar el primer Mercurio retrógrado del año. Te preguntas si en algún momento entenderás qué significa eso realmente. Si te molestarás en intentar entenderlo, porque hay cosas que preferimos pasar por alto, no preguntar, no registrar. Ya almacenamos demasiada información. También te preguntas por qué ese es el primer pensamiento que te viene a la cabeza. Alguien grita en la calle, quieres saber qué pasa, eso sí que quieres saberlo, el cotilleo siempre es necesario, nunca sobra, pero tu cuerpo no quiere moverse, todavía no. Te preguntas si detrás de las persianas habrá un cielo azul o nubes ensombreciéndolo todo. Te quedas muy quieta para conseguir descubrir qué pasa en la calle sin necesidad de verlo. Pero entonces te lo imaginas, es mucho más divertido imaginar que descubrir qué es realmente y llevarte un chasco, ir corriendo a la ventana y no ver nada, o ver una situación de lo más normal. Entonces tu cuerpo se despierta y necesitas ir al baño, ya no puedes alargar más este momento.
Los pájaros cantan cada vez más alto y los nuevos olores se mezclan por las calles. Se caga un pájaro justo delante de ti y te frenas en seco. Miras hacia arriba, hacia los lados, y sigues andando. Lees un cartel de liquidación por jubilación y más adelante otro que dice “compro cualquier coche”. ¿Cualquier coche? Ojalá todo fuera así, que en todas las decisiones nos valiera cualquier opción, que aceptásemos que da igual lo que elijas. Ves a tres señoras caminando juntas por la calle, hablando, riendo, y te vienen miles de pensamientos en un segundo. Sonríes y sigues andando mirando al suelo. De repente te das cuenta y estiras el cuello para mirar el cielo, las copas de los árboles que empiezan a florecer.
Todavía sonríes cuando ves en un balcón una bandera de Palestina que empieza a perder el color. ¿Pasa la vida tan rápido que la gente ya se empieza a olvidar de lo que está pasando fuera de su ciudad? Piensas en que la gente ya no habla del tema tanto como antes. Las manifestaciones cada vez son más escasas. Tampoco quieres culparles, la vida nos abruma a todos, a ti también te faltan horas en el día, pero qué pena. O sí, les culpas. Os culpas. Por qué dedicamos tanta atención a Mercurio retrógrado y esto se nos olvida. El ser humano es una cosa. Qué vamos a hacer con tanta desgracia. Tantas situaciones que se escapan de nuestro poder. Si incluso tu propia vida se escapa de tu control. Si cumplir tus sueños no solo depende de ti. Y ni siquiera sabes de qué depende. Quién tiene el mando.
Oyes unos tacones acercarse y notas que alguien te pisa los talones, te apartas para dejarle pasar. Mientras te adelanta, la chica te mira frunciendo el ceño y acelera el paso agarrando el móvil en la mano, para sentirlo lo más cerca posible, como si fuera parte de ella, para que no se le escape nada. Te odia por ir caminando con tanta parsimonia, como si la vida te resultase ligera. Ella, en cambio, camina con prisa y con el cuerpo en tensión y no sabe por qué. En realidad no llega tarde a ningún sitio, pero cogió esa inercia y ya no puede soltarla. Le entraron ganas de gritarte ¡aparta! pero no lo hizo porque su voz interior todavía funciona y le dice que se calle. Se da cuenta de que va jugando a las carreras con cada persona que se encuentra en el camino, necesita caminar más rápido y adelantarlos a todos. “Quita”, piensa cada vez que alguien la frena, como una barrera del Parchís. Se tropieza con una baldosa que está medio levantada, esta vez sí que grita ¡joder! Pero no se para, sigue andando. Tiene un cordón desatado, pero no se detiene a atarlo. Sigue avanzando hasta que la pierdes de vista.
Te das cuenta de que esa chica eras tú hace dos días. Hoy, en cambio, no sabes ni qué día es. No ha pasado nada en concreto para que te sientas así, simplemente parece que te ha tocado despertarte de esa manera. ¿Será lo de Mercurio retrógrado? La vida es impresionante, piensas. El ser humano es una cosa…Y te tranquiliza. Te das cuenta de que nada es tan grave, ni tan importante, porque un día estás así y al otro estás asá. Un día eres la pesada y al otro la apresurada. ¿Y qué más da? Estás tranquila porque sabes que no hay nada que no se arregle poniendo tu música favorita a todo volumen y pegándote unos bailes como si siguieras teniendo doce años. Hoy quizás te toque bailar una de las de Hannah Montana.
Estamos todos completamente chalados, piensas. ¿Chalados respecto a qué? Te divierte la palabra chalada. Algún día harás algo con ella. Una chica se te queda mirando y no sabes si es por algo malo o por algo bueno. Le sostienes la mirada intentando leerle la mente. Si piensa que eres estilosa o si es porque tienes algo en la cara. Sigues caminando e intentas no tropezarte.
PD: Estoy obsesionada con la serie Girls y estoy leyendo La hora de la estrella, de Clarice Lispector.





